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La Odisea
by Homer
Language: es5,852 downloads on Project Gutenberg
Subjects
In: Poetry·Mythology, Legends & Folklore·Classics of Literature
Public-domain ebook sourced from Project Gutenberg #58221.

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Esta obra es la traducción al castellano en prosa de la famosa epopeya griega atribuida a Homero, conocida como La Odisea. El texto comienza con un extenso prólogo que explica la historia de las traducciones españolas, destaca la ausencia de una versión directa del griego y justifica la elección de un método literal, conservando los epítetos y nombres propios. A continuación, el primer canto ya se abre con la invocación a la musa y la descripción del héroe que, tras la caída de Troya, ha vagado por mares y tierras, enfrentando la ira de los dioses y la pérdida de sus compañeros. El lector se encuentra inmediatamente inmerso en la atmósfera de viajes y peligros que rodean a Ulises, mientras la voz del narrador señala la intervención divina y la esperanza de su regreso a Ítaca.
El estilo es sobrio y académico, reflejando la preocupación del traductor por la fidelidad al original y la claridad del lenguaje castellano del siglo XIX‑XX. La prosa mantiene la métrica y los recursos poéticos del verso homérico, pero sin perder la fluidez de la narración en prosa. A quienes les atraen los relatos de mitología clásica, los estudios de literatura comparada o la lectura de textos fundacionales de la cultura occidental, le resultará gratificante. También es apta para lectores que disfrutan de una exposición cuidadosa y bien documentada, con notas que contextualizan la obra dentro de la tradición de traducciones europeas.
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De este libro inmortal, que es la segunda obra maestra de la épica griega y que el Estagírita consideraba como el magnífico espejo de la vida humana[9], se han publicado en España dos ediciones notables en verso endecasílabo: la clásica del secretario Gonzalo Pérez en castizo lenguaje, pero algo amplificada[10]; y la del eximio helenista contemporáneo D. Federico Baráibar y Zumárraga, que es la más fiel y exacta de cuantas conocemos en lengua castellana[11]. Menor importancia tienen otras traducciones que han visto la luz pública, como la de D. Antonio de Gironella[12], pues no suelen ser directas del texto original, sino resultado de la comparación de diferentes versiones en idiomas modernos. Y no queremos citar otra versión española, calcada servilmente sobre la literal francesa, que se ha dado á luz como si en España fuera desconocido no ya el griego sino hasta el idioma hablado allende los Pirineos.
Faltaba, pues, una versión directa y literal de la Odisea en prosa castellana, y nos atrevemos á dar la presente al público con el mismo temor y desconfianza con que anteriormente le ofrecimos la de la _Ilíada_[13].
Hemos adoptado en la Odisea el mismo procedimiento de trasladar el texto íntegro, sin más adiciones que las necesarias para su cabal inteligencia, vertiendo hasta las circunlocuciones cuando son inteligibles y constituyen un modo respetuoso de nombrar á determinados personajes (ἱερὸν μένος Ἀλκινόοιο[14], la sacra potestad de Alcínoo, para designar al rey de los feacios etc.) En lo que se refiere á los epítetos, hubiéramos querido seguir el consejo que nos dió la Real Academia Española en su dictamen acerca de la versión de la Ilíada, de que se traduzcan los compuestos por otros análogos que se podrían formar en castellano como, por ejemplo, bracinívea, ojilúcida y argentípeda que hemos usado en nuestra reciente traducción de la Teogonía de Hesíodo[15], para interpretar las palabras λευκώλενος, γλαυκῶπις y ἀργυρόπεζα que son epítetos de las diosas Juno, Minerva y Tetis: pero, la necesidad de acomodarnos al sistema adoptado en la versión de la Ilíada y la conveniencia de aplicar el procedimiento recomendado por la Real Academia á todos los epítetos, aprovechando los que se hallen traducidos en los autores clásicos castellanos y forjando los demás al tenor de las leyes que en nuestro romance regulan la formación de palabras, lo cual requería un estudio que no nos era posible hacer en el breve tiempo de que disponíamos, nos han obligado á dejarlo para otra edición en la cual conservaremos también los nombres griegos de las divinidades (Zeus, Hera, Atenea, por Júpiter, Juno, Minerva, etc.) si el público se familiariza con los mismos.
Ha servido de base para la presente versión el texto de Dindorf-Hentze, publicado en la _Bibliotheca scriptorum Graecorum et Romanorum Teubneriana_[16]. Se han consultado varios diccionarios y de un modo especial el Lexicon Homericum editado por Ebeling[17]. Se han tenido á la vista para la interpretación de algunos pasajes, la traducción latina de la edición de Firmin Didot[18], las españolas de Gonzalo Pérez y Baráibar, anteriormente citadas; las francesas de Bitaubé[19], Dugas-Montbel[20], Mme. Dacier[21], Le Brun[22], Giguet[23], Leconte de Lisle[24], y Sommer[25]; las italianas de Pindemonte[26], Máspero[27], Ungaro[28], y de la Sig. Cornelia Sale-Mocenigo-Codemo[29]; la alemana de Voss[30]; las inglesas de Pope[31] y Butcher and Lang[32]; y la neogriega de Polylás[33]. Y para evitar, en lo posible, los barbarismos y conocer el recto significado de las palabras y locuciones castellanas, se ha acudido al Diccionario de Autoridades y á otras obras de la Real Academia Española, Baralt, Salvá, Cuervo, P. Mir, P. Nonell y Cortejón.
Réstanos dar público testimonio de agradecimiento á la Real Academia Española, al Consejo de Instrucción pública, á nuestro venerado maestro el Excmo. é Ilmo. Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo, y á los eminentes críticos y publicistas, que con tanta benevolencia juzgaron nuestra versión de la Ilíada en prosa castellana y nos alentaron para que emprendiésemos la de la Odisea. Y ojalá que estos humildes trabajos contribuyan á acrecentar el entusiasmo por la más rica, noble y hermosa de las que llamaba Cervantes las reinas de las lenguas, y sea cada vez más admirada la literatura de aquel pueblo artista, cuyas obras maestras son el prototipo, el modelo jamás superado de los respectivos géneros.
[1] Ὡς δ᾽ ἐγώ τινος ἤκουσα δεινοῦ καταμαθεῖν ἀνδρὸς ποιητοῦ διάνοιαν, πᾶσα μὲν ἡ ποίησις τῷ Ὁμηρῳ ἀρετῆς ἐστιν ἔπαινος, καὶ πάντα αὐτῷ πρὸς τοῦτο φέρει, ὅ,τι μὴ πάρεργον. San Basilio.--Homilía á los jóvenes acerca de la utilidad que pueden sacar de los autores paganos, § 5.
[2] Τῆς Ὀδυσσείας μικρὸς ὁ λόγος ἐστίν. Ἀποδημοῦντός τινος ἔτη πολλὰ καὶ παραφυλαττομένου ὑπὸ τοῦ Ποσειδῶνος καὶ μόνου ὄντος, ἔτι δὲ τῶν οἴκοι οὕτως ἐχόντων ὥστε τὰ χρήματα ὑπὸ μνηστήρων ἀναλίσκεσθαι καὶ τὸν υἱὸν ἐπιβουλεύεσθαι, αὐτὸς δὲ ἀφικνεῖται χειμασθείς, καὶ ἀναγνωρίσας τινὰς αὐτοῖς ἐπιθέμενος αὐτὸς μὲν ἐσώθη, τοὺς δ᾽ ἐχθροὺς διέφθειρεν. Τὸ μὲν οὖν ἴδιον τοῦτο, τὰ δ᾽ ἄλλα ἐπεισόδια. Aristóteles.--Poética, cap. XVII.
[3] Horacio.--Epístola á los Pisones, v. 148 y 149.
[4] Herodoto, Platón, Aristóteles, Longino y casi todos los griegos de la antigüedad asignaban á la Odisea el mismo autor de la Ilíada, es decir, Homero. Algunos críticos de la época alejandrina, notando ciertas contradicciones que hay entre ambos poemas (la hija más hermosa de Príamo es Casandra, según la Ilíada, y Laódice, según la Odisea; la ciudad de Creta tiene cien puertas en aquel poema y tan sólo noventa en éste, etc.), opinaban que la Odisea no se debe á Homero, pero seguían creyendo que había sido compuesta por un solo autor. Los modernos, desde que Vico y Wolf dieron á conocer sus ideas sobre la cuestión homérica, sostienen varias opiniones que pueden reducirse á cuatro grupos: 1.º Los que defienden la unidad primitiva de la Odisea, ya la atribuyan al propio Homero, como Nitzsch y Terret; ya formulen la hipótesis de que quizás el asunto se deba á Homero y la ejecución á uno de sus discípulos, como dice Müller. 2.º Los que creen que se formó por la unión de cantos independientes, como Steinthal, Dugas-Montbel y Volkmann. 3.º Los que opinan que existieron primeramente grupos de cantos que son como los núcleos del actual poema. Así Kœchly divide la Odisea en dos partes: la primera (cantos I-XII y primer tercio del XIII) comprende dos grupos que son el Viaje de Telémaco, en cuatro rapsodias, y el Regreso de Ulises, en cinco rapsodias que pueden compararse á cinco actos de una tragedia (Calipso, Nausícaa, Ulises en el país de los feacios, Aventuras de Ulises, Regreso de Ulises á Ítaca); y la segunda está constituída por ocho rapsodias á las que se han hecho luego algunas adiciones (Llegada de Ulises á Ítaca, Ulises y Eumeo, Reconocimiento de Ulises por Telémaco, Ulises ante los pretendientes, Ulises en la presencia de Penélope, Matanza de los pretendientes, Arreglo de la casa, y la segunda Νέκυια ó escena entre los muertos). Según Kirchhoff, pueden distinguirse en la Odisea tres partes: la más antigua (desde el libro V al verso 184 del XIII) es la que nos refiere la llegada de Ulises al país de los feacios, el relato de sus anteriores aventuras y su partida para Ítaca; es ya más reciente el resto del poema hasta el fin, en que se relata la vuelta de Ulises á su patria y la venganza que toma de los pretendientes; y la parte más moderna es la de los libros I-IV relativos al viaje que, aconsejado por Minerva, hace Telémaco á Pilos y á Esparta en busca de noticias de su padre: así se formó la Odisea, según Kirchhoff, salvo algunas interpolaciones de época posterior. Y 4.º Mr. Bréal, cuya hipótesis consiste en suponer que «les chants homériques ont été composés pour faire partie du programme des jeux et des fêtes en ce pays de Lydie où les fêtes et les jeux n’ont jamais manqué... Une corporation faisant profession de choisir dans le répertoire d’une même légende des épisodes variés, les poètes laissés jusqu’à un certain point à leur génie propre, mais néanmoins assujettis à un modèle, telle me paraît, pour résoudre cette grande énigme, l’explication la plus vraisemblable.» Michel Bréal.--Pour mieux connaître Homère, VI.
[5] Los pretendientes no tienen ninguna divinidad que los proteja; las deidades no luchan entre sí, como en la Ilíada, y proceden casi siempre de acuerdo y en favor de la justicia; Neptuno y Minerva, que son los únicos dioses que están en oposición--pues aquél persigue y ésta favorece á Ulises--ejercen su influencia no simultánea sino alternativamente y sin chocar el uno con la otra, etc.
[6] Son 180 las de la Ilíada y 39 las de la Odisea.
[7] ... ἡ μὲν Ἰλιὰς ἁπλοῦν καὶ παθητικόν· ἡ δὲ Ὀδύσσεια, πεπλεγμένον (ἀναγνώρισις γὰρ διόλου), καὶ ἠθική. Aristóteles.--Poética, cap. XXIV.
[8] De lo sublime, cap. VII.
[9] ... καὶ τὴν Ὀδύσσειαν, καλὸν ἀνθρωπίνου βίου κάτοπτρον. Aristóteles.--Retórica, lib. III, cap III.
[10] La Ulyxea de Homero, traducida de griego en lengua castellana por el secretario Gonzalo Pérez.--Madrid, Imprenta de Francisco Xavier García, 1767.
[11] Homero.--La Odisea.--Traducida directamente del griego en verso castellano por D. Federico Baráibar y Zumárraga.--Madrid, Librería de Perlado, Páez y C.ª, 1906.
Tradujeron también la Odisea en verso castellano el P. Manuel Aponte, profesor de griego en la Universidad de Bolonia, y D. Francisco Estrada y Campos. Ambas traducciones, que debieron de ser muy notables, han quedado inéditas, y la primera se ha perdido. Véase la noticia sobre Hermosilla y su Ilíada, por D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
[12] La Odisea de Homero, traducida por Antonio de Gironella.--Barcelona, Imprenta y librería politécnica de Tomás Gorchs, 1851.--En el prólogo dice el Sr. Gironella, entre otras cosas como la de que Gonzalo Pérez no tomó en serio su tarea: «Ciertamente, pues, era una consideración para un amante de las letras el regalar á su patria una tan preciosa antigüedad; pero en mí este patriótico impulso estaba balanceado por dos consideraciones: decía á mis instigadores: «pero si á pesar mío confieso que no me gusta, y si no sé el griego? á lo primero me contestaban que no me gustaba porque no la había visto con detención; que cuanto más adelantase en la obra más bellezas hallaría en ella, lo que confieso humildemente que, generalmente hablando, así me ha acontecido; y á lo segundo que el griego de Homero, que no es una lengua general, sino una de sus cuatro distintos dialectos, nadie lo sabe actualmente (sic), como lo prueban las continuas contradicciones que hay entre los traductores relativamente al verdadero significado de una palabra misma, y que las buenas traducciones latinas, italianas, francesas, inglesas y alemanas, son tales y de tales autores, que yo, aun cuando me hallase ser un perfecto helenista, nunca hallaría en mi original más que lo que ellos hallaron, ni sabría expresarlo mejor. Algo concluyente es este raciocinio y para mí esforcé el convencimiento á que lo fuese más. Tomé, pues, la exactísima y literal versión latina de Henr. Stephano, publicada en París en 1624, la inglesa de Pope, las francesas de J. P. Bitaubé, de Dugas-Montbel, de madama Dacier, del príncipe Le Brun, el sabio concolega del cónsul emperador, y de Eugenio Bareste, última que se ha publicado y que se supone ser la más técnica. No quise apelar á mayor número de materiales, para evitar dudas y confusiones, y estudiando bien y compulsando entre sí estos auxiliares, hallé que en efecto podía apoyarme en ellos.»
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