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Proceso del Dr. José Rizal Mercado y Alonso
Language: es487 downloads on Project Gutenberg
Subjects
In: History - Other·Law & Criminology
Public-domain ebook sourced from Project Gutenberg #42065.

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Marcelo H. del Pilar.--Estudios biográfico-crítico. Literatura Tagala.--Conferencia. Wenceslao E. Retana.--Ensayo crítico. Algo de Prosa.--Cuentos y paisajes filipinos. Cinco notas al capítulo octavo de los "Sucesos de las Islas", del Dr. Antonio de Morga. Filipinos y Filipinistas. Los orígenes de la Imprenta Filipina.--Informe. Emilio Jacinto.--Ensayo crítico. Report.--por Clemente J. Zulueta. Cartas familiares del Dr. Rizal. El Teatro Tagalo.--Discurso. Escritos inéditos del Dr. José Rizal. Influencia de la poesía castellana en la indígena de Filipinas. Trinidad H. Pardo de Tavera.--Ensayo crítico. Ignacio Villamor. Nuestra literatura á traves de los siglos.
Proceso Del Dr. José Rizal Mercado y Alonso
Año 1913.
Publicado por Primera Vez Bajo los Auspicios de la Revista Mensual Cultura Filipina Manila.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS.
El proceso, los apéndices y las ilustraciones son de suyo tan elocuentes que huelga ciertamente todo comentario. Algunas notas bibliográficas, sin embargo, informatorias de la procedencia de los mismos y que los autentiquen son necesarias para la información de los profesionales, de los filipinistas y de los filipinólogos.
«Para facilitar aún más la tramitación de los procesos, dispuse, escribe el General Blanco, por providencia autorizada, la división de esas grandes causas en piezas que, distribuídas á jueces distintos, pudiesen terminarse y fallarse con la rapidez conveniente á la pronta y saludable ejemplaridad de la pena.» La causa fundamental del Katipunan, según el Auditor, acusaba mil quinientas diez fojas, distribuídas en siete piezas, y los encartados excedían de cuatrocientos cincuenta. De aquí que se descartase lo referente al Dr. Rizal, formándose la pieza separada que hoy publicamos.
Según la nota de la página tres, el proceso de Rizal procedió del Archivo de Segovia y fué á parar en el del Ministerio de la Guerra de Madrid, España, donde Retana, por encargo nuestro, sacó copia. Esta copia es prácticamente íntegra, El testimonio de los cargos que le resultan al Dr. Rizal y las citas de las declaraciones prestadas por Pío Valenzuela y otros (folios 12 al 19) que se omiten, podrá verlos el lector en el resumen del Juez Instructor (folios 33 al 38). Ciertas diligencias sólo se indican, cuando son de mera fórmula. Avaloran esta copia notas y observaciones del Sr. Retana que importan á todo investigador.
Los Estatutos de la Liga Filipina [Apéndice A], son copia del original que obra en poder de D. Mariano Ponce. En el ángulo superior derecho de la primera página del original de Estatutos dibujó el Dr. Rizal un monograma á modo de insignia, pero que no llegó á adoptarse. El extracto impreso, bilingüe, de los Estatutos es todavía más importante, porque es lo que realmente usaron los afiliados á la Liga, especialmente el texto tagalo, antes de afiliarse. Aunque el pie de imprenta dice London, realmente, como todos los que llevan el mismo pie de imprenta, se estampó en Hong-Kong. Retana en su Vida de Rizal (página 236 al 241), trae únicamente el texto castellano, y lo mismo la versión inglesa hecha por James A. Robertson en The Philippine Islands 1493-1898 [LII, páginas 217 al 226], que vierte únicamente el texto castellano.
Las Diligencias [Apéndice B] instruídas contra Pablo Mercado proceden directamente del General Blanco quien las remitió á Retana, que sacó la copia que publicamos, y á las que se refiere en su carta siguiente, cuya parte subrayada, hace el facsímil N.o 1,
Madrid, 14 Eno. 1906.
Muy Sr. mío y estimado amigo: la circunstancia de venir su grata de V. de 30 de Nov. e, dentro del tomito de «La venganza de Fajardo» q. tardé muchos días en hojear pr. hallarme enfermo, ha sido causa de que no me haya enterado de ella ni la haya por consiguiente contestado, rogando á V. me dispense esta involuntaria falta.
Mucho me satisface el que haya V. encontrado curiosos é interesantes los documentos q. le he enviado. Tengo más; pero entre el océano de papeles q. he ido guardando durante tantos años no me entiendo ya y no encuentro los q. busco, porque tampoco ayuda la cabeza que no me permite como en otro tiempo trabajar mentalmente mucho tiempo: ya V. lo ve.
De todos modos yo quisiera conservar mientras viva los que poseo y pueda poseer; pero V. podrá sacar copia de todos los q. quiera devolviéndome los originales tomándose para este trabajo de copia el tiempo que necesite y autorizándole también para citarlos públicamente como míos si le conviene.
Y termino esta ya larga misiva felicitando á V. pr. su propósito de imprimir un libro, que aunque ya á destiempo, puede servir de enseñanza y escarmiento á los que no saben ó no quieren convencerse de que no es pr. el castigo y la violencia como se gobiernan los pueblos en el siglo XX: con el Canal de Suez llegaron á Filipinas auras de libertad y de progreso que en vano quisimos contener, en lugar de encauzarlas y dirijirlas: y la marmita reventó, naturalmente pr. una Ley física, imposible de contrarestar.
Perdóneme estas filosofías y sabe puede mandar á su atento amigo affmo. s. s.
q. b. s. m.
Mi distinguido amigo. Mil gracias por su felicitación y crea que lo mismo le deseo en el venidero año que promete ser pródigo en disturbios á juzgar por el princípio; allá veremos.
V. no me molesta jamás y puede hacerme cuantas preguntas quiera, que puede tener la seguridad que le serán contestadas con prontitud y completa sinceridad.
Mis respuestas á sus últimas son las siguientes:
Rizal jamás creyó fuese sentenciado á la última pena, y su asombro se comprobó ante el Consejo: después de ésto en mi opinión si no dejó de concebir esperanzas (pues ¿quien no las tiene?) de indulto, creo que eran casi borradas, pues se hizo cargo de su verdadera situación y se preparó á bien morir. Insisto que aparte de la poca esperanza que pudiera tener murió como un bravo, cayendo boca arriba, de donde fué recogido después de visto por todos los concurrentes (que fueron muchos) en un coche mortuorio, disponiendo el Gobernador Civil (Manuel Luengo) su traslación. Se ignora (creo que fué la fosa común) el sitio, para que durmiera el sueño de los justos en el mayor olvido de sus compatriotas. A muchos ví que con iguales motivos era preciso cojerlos á puñados para ponerlos en el sitio del suplicio.
Las gestiones que para su indulto hicieron creo que pocas ó ninguna pues en aquella época de terror era indispensable mucha sangre para aplacar los ánimos (estos comentarios los hago con toda reserva pues no debo ser yo quien juzgue la conducta de aquellos prohombres). Sí le diré que el General Blanco se opuso con toda su energía al fusilamiento y que no lo llevó á efecto á pesar de las reiteradas órdenes del Gobierno: su sucesor se encargó de lo demás.
Le indicaré al auditor general Peña que podrá ilustrarle ese punto que desea saber pues se encontraba á la sazón, por aquel entonces desempeñando el cargo de auditor general. Creo que se encuentra en esa y le será fácil ponerse al habla con él.
Disponga de su affmo. amigo s. s. q. s. m. b.
Luis Taviel de Andrade.
La carta, autógrafa de Fr. Matías Gómez, interesantísima y que no tiene precio para todo investigador de cuestiones filipinas, se la debemos á la generosa bizarría del P. Aglipay, que la halló entre los papeles del que fué Cura Párroco de Malasiqui, Pangasinán, en 1898.
El apéndice C., ó sea la Memoria dirigida al Ministerio de Ultramar (21 Abril 1898) por los «Superiores de las Corporaciones de Agustinos, Franciscanos, Recoletos, Dominicos y Jesuitas establecidas en Filipinas»... es reproducción de un ejemplar impreso, igual al descrito bajo el núm. 3991 en el Aparato de Retana (III, página 1399). Nuestro ejemplar es primera reproducción del impreso hecho en Manila; un ejemplar de este último posee hoy la Philippine Library de Manila. La segunda, se describe bajo el núm. 1862 en la Biblioteca Filipina de Vindel. Una versión inglesa de esta Memoria hallará el lector en The Philippine Islands 1493-1898 (LII, páginas 227 al 286). Después de las firmas, léese al pie de esta versión la siguiente advertencia:
«Notice. Because of the impossibility, due to the length of this exposition, of drawing up the copies necessary for the archives of each corporation, it has been agreed by the respective superiors to print an edition of fifty copies, ten for each corporation, which are destined for the purpose stated above.
Collated faithfully with its original, and to be considered throughout as an authentic text. In affirmation of which, as secretary of my corporation and by the order of my prelate, I sign and seal the present copy in Manila, April 21, 1898.
Fr. Francisco Sadaba del Carmen, secretary-provincial of the Recollects.
There is a Seal that says: «Provincialate of the Recollects.»
Antes de esta versión inglesa, hízose otra, parcial é inadecuada, por Ambrose Colman, O. P., publicada en Rosary Magazine, 1900. James A. Robertson dice que esta memoria «is one by those who are fighting for life, and who see dimly ahead the fate that may overtake them (obra citada, página 25), James A. LeRoy, refiriéndose á esta versión de Robertson, dice lo siguiente:
«The chronological record of Spanish rule is very appropriately closed with a document of the religious orders, which had from the first been at the forefront in this history; it is the memorial signed by the four Philippine orders that had figured in the political controversy and by the Jesuits and addressed to the Colonial Minister at Madrid (but never formally presented) on the eve of the outlook of war in 1898 and just before Dewey's ships sailed from Hong-kong. Those who believe that the friars' mission in the Philippines was over will find confirmation of that view in the arrogant tone and intolerant viewpoint of this message, a veritable gauntlet of defiance flung down before the Liberal administration at Madrid. But it is an eloquent defense of the friars' record in the Philippines, nevertheless, and a fine piece of rhetoric. Though the translation is faulty in places, it makes available a document practically unknown heretofore», [The American Historical Review, núm. de Oct., 1908, págs. 159 y 160.]
Tal era el ambiente de entonces, 1896-97, en que ser masón, librepensador ó reformista, era lo mismo que ser filibustero y antiespañol. Y aunque los hechos depusieren lo contrario, no habría remisión. El P. Pablo Pastells mismo, amigo de Rizal, jesuita de los muy liberales, escribía á Retana con respecto á Rizal lo siguiente:
....«Y para refutar sus ideales filibusteros, entre otras, le propuse la demostración de éstas dos tesis: El separatismo es imposible en la ejecución; insostenible en la práctica: y en último resultado contraproducente. Unida á España, recorrerá triunfante Filipinas la senda del verdadero progreso; separada, precipitaráse en el caos de la anarquía, de la esclavitud y del salvajismo. Rehuyó siempre Rizal, á pesar de mis reiteradas instancias y retos, entablar conmigo discusión alguna por escrito sobre este último extremo [del separatismo] por no juzgarse con la independencia necesaria para emitir su pensamiento, durante la deportación, sobre aquel punto. Así fué que nuestra polémica hubo de circunscribirse solamente al asunto religioso. Aproveché este cabo; harto sabía yo que reducido Rizal á la Religión Católica, la cuestión de españolismo se hubiese ventilado luego con mayor facilidad, como consecuencia de sus principios y deberes religiosos».... [Carta de 6 de Enero, 1897].
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