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El libro de las mil noches y una noche; T. 8
by Anonymous
Language: es1,225 downloads on Project Gutenberg
Subjects
Public-domain ebook sourced from Project Gutenberg #78437.

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Este volumen forma parte de la colección de cuentos árabes que se transmitieron oralmente y luego se recopilaron en la famosa serie de mil y una noches. El relato comienza con una conversación entre una joven llamada Simpatía y un sabio del califato, donde se discuten temas de medicina, sexualidad y astrología bajo la atenta mirada del califa. La narración se despliega en forma de preguntas‑respuesta, con la joven ofreciendo explicaciones detalladas sobre la sangría, la copulación y la influencia de los planetas, mientras el entorno se interrumpe ocasionalmente por la aparición de Schahrazada. El estilo es didáctico y cargado de referencias religiosas y científicas, y el texto se alterna entre diálogos filosóficos y breves inserciones descriptivas que crean una atmósfera de cortejo intelectual en la corte del emir.
La voz del texto es formal y arcaica, con un léxico que refleja la lengua española del Siglo de Oro, traducida de fuentes árabes medievales. El tono combina la solemnidad de la erudición con la picardía de los acertijos, lo que resulta atractivo para lectores interesados en la literatura oriental, la historia de la ciencia islámica y los relatos de sabiduría popular. Aquellos que disfrutan de los diálogos ingeniosos, de la mezcla de conocimientos médicos, astrológicos y morales, y de la riqueza cultural de los cuentos tradicionales árabes encontrarán en este tomo una lectura estimulante y reveladora.
The opening · free to read
«La copulación es el acto que une sexualmente al hombre y la mujer. Se trata de una cosa excelente, y son numerosos sus beneficios y virtudes. La copulación aligera el cuerpo y alivia el espíritu, aleja la melancolía, atempera el calor de la pasión, atrae al amor, alegra el corazón, consuela de la ausencia y hace recobrar el sueño perdido. Desde luego que nos estamos ocupando de la copulación de un hombre con una mujer joven; pero si la mujer es vieja, sucede todo lo contrario, porque entonces no hay fechoría que este acto no pueda engendrar. Copular con una vieja es exponerse á males sin cuento, entre otros, las afecciones de la vista, el dolor de riñones, el dolor de piernas y el dolor de espalda. ¡En una palabra, es peligroso! Conviene, pues, huir de ello como de un veneno sin remedio. ¡Para este acto debe escogerse una mujer experta, que comprenda al primer golpe de vista, que hable con pies y manos y que dispense á su propietario de tener un jardín y parterres floridos!
»Á toda copulación completa sigue la humedad. Esta humedad se produce en la mujer á causa de la emoción que sienten sus partes honorables, y en el hombre por el jugo que segregan sus dos compañones. Este jugo va por un camino muy complicado. Porque el hombre posee una gruesa vena de la que nacen todas las demás venas. La sangre que riega todas estas venas, cuyo número es de trescientas sesenta, acaba por canalizarse en un tubo que termina en el compañón izquierdo. En este compañón izquierdo, la sangre, á causa de agitarse, acaba por clarificarse y transformarse en un líquido blanco, que se espesa merced al calor del compañón y cuyo olor recuerda el de la leche de palmera...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
El sabio exclamó: «¡Con qué sagacidad has respondido! Pero todavía tengo que hacerte dos últimas preguntas. ¿Puedes decirme qué ser viviente no vive mas que aprisionado y muere en cuanto respira el aire libre? ¿Y qué frutas son las mejores?»
Ella contestó: «¡El primero es el pez, y las segundas son la taronja y la granada!»
Cuando oyó el médico todas estas respuestas de la bella Simpatía, no pudo por menos de declararse incapaz de cogerla en un error científico, y se dispuso á ocupar de nuevo su sitio. Pero se lo impidió con un gesto Simpatía, y le dijo: «Es preciso que á mi vez yo te haga una pregunta:
»¿Puedes decirme, ¡oh sabio! qué cosa hay redonda como la tierra y que se aloja en un ojo, ausentándose de este ojo unas veces y penetrando otras en él, que copula sin órgano masculino, que se separa de su compañero durante la noche para enlazarse á él durante el día y que elige su domicilio habitual en las extremidades?»
Á esta pregunta el sabio se atormentó en vano el espíritu, porque no supo responder, y después de quitarle su manto á instancia del califa, Simpatía contestó por sí misma: «¡Es el botón con el ojal!»
Tras de lo anterior, irguióse entre los venerables jeques un astrónomo, que era el más famoso entre todos los astrónomos del reino, y á quien miró sonriendo la bella Simpatía, de antemano segura de que él la encontraría los ojos más enigmáticos que todas las estrellas de los cielos.
El astrónomo fué á sentarse ante la adolescente, y luego del acostumbrado preámbulo, le preguntó:
«¿De dónde sale el sol y adónde va cuando desaparece?»
Ella contestó: «Sabe que el sol sale de los manantiales de Oriente, y desaparece en los manantiales de Occidente. Ciento ochenta son estos manantiales. El sol es el sultán del día, como la luna es la sultana de las noches. Y dijo Alah en el Libro: «Soy yo quien otorgó su luz al sol y su resplandor á la luna, y quien les asignó lugares matemáticos que permitiesen conocer el cálculo de los días y los años. ¡Yo soy quien fijó un límite á la carrera de los astros y prohibió á la luna que jamás esperase al sol, así como á la noche que se adelantase al día! ¡Por eso el día y la noche, las tinieblas y la luz, sin mezclar su esencia nunca, se identifican continuamente!»
El sabio astrónomo exclamó: «¡Qué respuesta tan maravillosa de precisión! Pero, ¡oh adolescente! ¿puedes hablarnos de los demás astros y decirnos sus influencias buenas y malas?»
Ella contestó: «Si tuviera que hablar de todos los astros necesitaría consagrar á ello más de una sesión. Sólo diré, pues, pocas palabras. Además del sol y la luna, existen otros cinco planetas, que son: Utared (Mercurio), El-Zohrat (Venus), El-Merrikh (Marte), El-Muschtari (Júpiter) y Zohal (Saturno).
»La Luna, fría y húmeda, de influencia buena, está en Cáncer, su apogeo es Tauro, tiene por inclinación á Escorpión y por perigeo á Capricornio.
»El planeta Saturno, frío y seco, de influencia maligna, está en Capricornio y Acuario, su apogeo es Libra, su inclinación Aries y su perigeo Capricornio y Leo.
»Júpiter, de influencia benigna, está en Tauro, tiene por apogeo á Piscis, por inclinación á Libra y por perigeo á Aries y á Escorpión.
»Mercurio, de influencia unas veces benigna y maligna otras, está en Géminis, tiene por apogeo á Virgo, por inclinación á Piscis y por perigeo á Tauro.
»Por último, Marte, cálido y húmedo, de influencia maligna, está en Aries, tiene por apogeo á Capricornio, por inclinación á Cáncer y por perigeo á Libra.»
Cuando el astrónomo hubo oído esta respuesta, admiró mucho la profundidad de los conocimientos de la joven Simpatía. Sin embargo, intentó turbarla con alguna pregunta más difícil, y la interrogó:
«¡Oh joven! ¿crees que este mes tendremos lluvias?»
Al escuchar semejante pregunta, la docta Simpatía bajó la cabeza y reflexionó bastante tiempo, lo cual hizo al califa suponer que se reconocía incapaz de contestar. Pero no tardó ella en alzar la cabeza, y dijo al califa: «¡No hablaré, ¡oh Emir de los Creyentes! mientras no me dés permiso para desarrollar mi pensamiento por completo!» Asombrado, dijo el califa: «¡Ya tienes permiso!» Ella dijo: «¡Entonces, ¡oh Emir de los Creyentes! déjame tu alfanje un instante para que corte la cabeza á este astrónomo, que no es mas que un impío y un descreído!»
Á estas palabras no pudieron por menos de reir el califa y todos los sabios de la asamblea. Pero Simpatía continuó: «¡Has de saber, ¡oh astrónomo! que hay cinco cosas que conoce sólo Alah: la hora de la muerte, cuándo va á llover, el sexo del niño en el seno de su madre, los sucesos futuros y el sitio donde morirá cada uno!»
El astrónomo sonrió y le dijo: «No te hice esa pregunta mas que como prueba. ¿Puedes decirnos, y con ello no nos alejaremos del asunto, la influencia ejercida por los astros sobre los días de la semana?»
Ella contestó: «El domingo es el día consagrado al sol. Cuando comienza el año en domingo, es señal de que los pueblos tendrán que sufrir muchas tiranías y vejaciones de sus sultanes, de sus reyes y de sus gobernantes; habrá sequía, no prosperarán las lentejas, se agriarán las uvas y se librarán combates feroces entre los reyes. ¡Pero acerca de esto Alah es todavía más sabio!
»El lunes es el día consagrado á la Luna. Cuando comienza el año en lunes, es un buen augurio. Habrá abundantes lluvias, muchas uvas y cereales, pero estallará la peste, y luego no prosperará el lino, y será malo el algodón; y además la mitad del ganado morirá de epidemia, ¡Pero Alah es más sabio!
»Puede comenzar el año en martes, día consagrado á Marte. Caerán entonces heridos de muerte los grandes y los poderosos, subirá el precio de los cereales, lloverá poco, habrá escasez de pescado, la miel estará muy barata, las lentejas se venderán por nada, los granos de lino estarán caros, habrá una cosecha excelente de cebada. Pero se verterá mucha sangre, y una epidemia diezmará los asnos, cuyo precio subirá muchísimo. ¡Pero Alah es más sabio!
»El miércoles es el día de Mercurio. Cuando comienza el año en miércoles, es señal de grandes catástrofes marítimas, de muchos días de tempestad y relámpagos, de carestía de cereales y de que los reponches y las cebollas subirán mucho de precio, sin contar una epidemia que se cebará en los niños. ¡Pero Alah es más sabio!
»El jueves es el día consagrado á Júpiter. Si abre el año, es indicio de concordia entre los pueblos, de justicia en gobernantes y visires, de integridad en los kadíes y de grandes beneficios para la humanidad, entre otros, abundancia de lluvias, de frutas, de grano, de algodón, de lino, de miel, de uva y de pescado. ¡Pero Alah es más sabio!
»El viernes es el día consagrado á Venus. Si abre el año, es señal de que el rocío será abundante y la primavera muy hermosa; nacerá una enorme multitud de niños de ambos sexos, y habrá muchos cohombros, sandías, calabazas, berenjenas y tomates, y también cotufas. ¡Pero Alah es más sabio!
»El sábado, por último, es el día de Saturno. ¡Malhaya el año que comienza en tal día! ¡Malhaya tal año! ¡Habrá una avaricia general del cielo y de la tierra, el hambre sucederá á la guerra, las enfermedades al hambre, y los habitantes de Egipto y de Siria se lamentarán bajo la opresión que han de sufrir y bajo la tiranía de los gobernantes! ¡Pero Alah es más sabio!»
Cuando el astrónomo hubo oído tal respuesta, exclamó: «¡Cuán admirablemente respondiste á todo! Pero ¿puedes aún decirnos de qué punto ó piso del cielo están suspendidos los siete planetas?»
Simpatía contestó: «¡Desde luego! ¡El planeta Saturno está colgado del séptimo cielo exactamente; Júpiter está colgado del sexto cielo; Marte, del quinto; el Sol, del cuarto; Venus, del tercero; Mercurio, del segundo, y la Luna del primer cielo!»
Luego añadió Simpatía: «¡Voy á interrogarte á mi vez ahora!...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
«Las estrellas se dividen en tres clases, según la misión á que se las destina: unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera invisible en el aire, y sirven para alumbrar los mares; y las estrellas de la tercera categoría se mueven á voluntad entre los dedos de Alah; se las ve desfilar en la noche, y entonces sirven para lapidar y castigar á los demonios que osan infringir las órdenes del Altísimo.»
Á estas palabras, el astrónomo se declaró muy inferior á la bella adolescente en conocimientos, y retiróse de la sala. Entonces, por mandato del califa, le sucedió un filósofo, que fué á apostarse ante Simpatía, y le preguntó:
«¿Puedes hablarnos de la infidelidad y decirnos si es innata en el hombre?»
Ella contestó: «Quiero responderte acerca de esto con las propias palabras del Profeta (¡con él la plegaria y la paz!), que ha dicho: «La infidelidad circula entre los hijos de Adán como circula la sangre por las venas, no bien se dejen arrastrar por la blasfemia contra la tierra, y los frutos de la tierra, y las horas de la tierra. ¡El crimen mayor consiste en blasfemar del tiempo y del mundo; porque el tiempo es Dios mismo, y el mundo es hechura de Dios!»
El filósofo exclamó: «¡Sublimes y definitivas son esas palabras! Dime ahora quiénes son las cinco criaturas de Alah que bebieron y comieron sin expulsar de su cuerpo nada por delante ni por detrás.»
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