
El gran Gatsby
de F. Scott Fitzgerald1925
Tras las fiestas de verano de Gatsby, Nick Carraway descubre un anhelo que ninguna fortuna logra calmar.

Mi padre me aconsejó que recordara que los demás no habían tenido mis ventajas.
Reservarse los juicios exige una esperanza infinita; pero mi tolerancia tiene un límite.
Solo Gatsby quedaba exento: yo despreciaba lo que representaba,
pero poseía un don extraordinario para la esperanza.
Gatsby resultó ser un buen hombre;
lo que devoraba sus sueños acabó con mi interés por las penas ajenas.

En la primavera del veintidós, inquieto tras la guerra, dejé a mi próspera familia del Medio Oeste para aprender el negocio de los bonos.
Mi padre aceptó mantenerme un año;
al que iba a compartir casa conmigo lo destinaron a Washington.
Yo era un guía, un explorador, un colono pionero.
Entre los libros y el verano, sentí que la vida empezaba de nuevo.
Mi vecino desconocido era Gatsby;
ochenta dólares al mes me procuraban el consuelo de vivir cerca de millonarios.
¿Cómo se llega al pueblo de West Egg?

Aquella tarde fui en coche a East Egg a cenar con Daisy Buchanan y su marido, Tom Buchanan.
Daisy y yo éramos primos segundos, con una generación de diferencia; había conocido a Tom, antaño un célebre jugador de fútbol americano, en la universidad.
Su familia era inmensamente rica;
iban de un lugar a otro donde la gente jugaba al polo y compartía su riqueza.
Daisy decía que aquella mudanza era definitiva; yo creía que Tom seguiría errando siempre.

Aquella tarde cálida y ventosa fui en coche a East Egg a ver a dos viejos amigos a quienes apenas conocía.
Había cambiado desde New Haven.
Era un cuerpo capaz de ejercer una fuerza enorme, un cuerpo cruel.
Nunca fuimos íntimos; sentía que yo le caía bien y que él quería caerme bien a mí.
Tengo una buena casa aquí.
Pertenecía a Demaine, el magnate del petróleo.
Vamos dentro.

Aquella tarde, Tom me condujo por el vestíbulo de techos altos hasta una sala luminosa de tonos rosados.
Debí de quedarme unos instantes escuchando.
La más joven de las dos era una desconocida para mí.

Era una costumbre suya.
Me insinuó en un murmullo que la muchacha que se mantenía en equilibrio se apellidaba Baker.
Casi cualquier muestra de absoluta autosuficiencia
me inspira una admiración atónita.
Volví la mirada hacia mi prima;
su voz baja y cautivadora prometía emociones para la hora siguiente.
Estoy p-paralizada de felicidad.

De camino al Este paré en Chicago; una docena de personas mandaron cariños a Daisy.
Se lo dije.
¿Me echan de menos?
Toda la ciudad está desolada.
¡Qué maravilla!
Tienes que ver a la niña.
Está dormida. Tiene tres años. ¿Nunca la has visto?
Nunca.
¿A qué te dedicas, Nick?
Trabajo con bonos.
¿Con quién?
Nunca he oído hablar de ellos.
Ya oirás.
Sería un maldito idiota si viviera en otro sitio.

Fue la primera palabra que pronunció desde que entré en la sala.
Me gustaba mirarla; creía haberla visto antes, a ella o una foto suya.
Antes de que pudiera decir que era mi vecino, anunciaron la cena.
¡Desde luego!
Estoy entumecida.
No me mires a mí.
No, gracias.
Estoy en pleno entrenamiento.
¡Anda que tú!
Vives en West Egg.
Conozco a alguien allí.
Yo no conozco a nadie...
Tienes que conocer a Gatsby.
¿Gatsby?
¿Qué Gatsby?
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