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Portada de Frankenstein o el moderno Prometeo

Frankenstein o el moderno Prometeo

de Mary Shelley1818

Terror gótico con un monstruo que piensa. Escenas a la luz de la tormenta, dibujadas con hondura.

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Carta I

A la señora Saville, Inglaterra.

Un desconocido en el hielo
Un desconocido en el hieloEl barco de Walton, atrapado en el hielo del Ártico, recoge a un viajero medio congelado.

San Petersburgo, 11 de diciembre de 17—.

Te alegrará saber que ningún desastre ha acompañado el comienzo de una empresa que contemplabas con tan sombríos presagios. Llegué aquí ayer, y mi primera tarea es asegurar a mi querida hermana que me encuentro bien y que confío cada vez más en el éxito de mi empeño.

Me hallo ya muy al norte de Londres, y al pasear por las calles de Petersburgo siento en las mejillas el juego de una fría brisa norteña que me templa los nervios y me llena de deleite. ¿Comprendes este sentimiento? Esta brisa, que ha viajado desde las regiones hacia las que avanzo, me da un anticipo de aquellos climas helados. Animado por este viento de promesa, mis ensueños se vuelven más fervientes y vívidos. En vano intento convencerme de que el polo es la morada de la escarcha y la desolación; siempre se presenta a mi imaginación como la región de la belleza y el deleite. Allí, Margaret, el sol es eternamente visible, y su ancho disco, rozando apenas el horizonte, derrama un esplendor perpetuo. Allí —pues, con tu permiso, hermana mía, concederé algún crédito a los navegantes que me precedieron—, allí la nieve y la escarcha están desterradas; y, surcando un mar en calma, podremos arribar a una tierra que supere en maravillas y en belleza a cuantas regiones se han descubierto hasta hoy en el globo habitable. Sus productos y sus rasgos quizá no tengan igual, como sin duda no lo tienen los fenómenos de los cuerpos celestes en aquellas soledades inexploradas. ¿Qué no cabe esperar de un país de luz eterna? Tal vez descubra allí el portentoso poder que atrae la aguja, y pueda ordenar mil observaciones celestes que solo aguardan este viaje para que sus aparentes excentricidades concuerden para siempre. Saciaré mi ardiente curiosidad con la visión de una parte del mundo jamás visitada, y quizá pise una tierra en la que nunca se ha impreso la huella del hombre. Estos son mis alicientes, y bastan para vencer todo temor al peligro o a la muerte y para moverme a emprender este arduo viaje con la alegría que siente un niño cuando se embarca en un botecito, con sus compañeros de vacaciones, en una expedición de descubrimiento remontando el río de su tierra. Pero aun suponiendo que todas estas conjeturas fueran falsas, no podrás negar el inestimable beneficio que prestaré a toda la humanidad, hasta la última generación, al descubrir un paso cerca del polo hacia aquellos países que hoy exigen tantos meses de travesía, o al desentrañar el secreto del imán, cosa que, si es posible en absoluto, solo puede lograrse con una empresa como la mía.

El ojo se abre
El ojo se abreUn nuevo ser respira por primera vez, y su creador huye de la habitación.

Estas reflexiones han disipado la agitación con que comencé mi carta, y siento arder en mi corazón un entusiasmo que me eleva al cielo, pues nada contribuye tanto a sosegar el espíritu como un propósito firme: un punto en el que el alma pueda fijar su mirada intelectual. Esta expedición ha sido el sueño predilecto de mis primeros años. He leído con avidez los relatos de los diversos viajes emprendidos con la esperanza de llegar al océano Pacífico Norte a través de los mares que rodean el polo. Recordarás que la biblioteca de nuestro buen tío Thomas se componía únicamente de una historia de todos los viajes de descubrimiento. Mi educación fue descuidada, y aun así la lectura me apasionaba. Aquellos volúmenes fueron mi estudio día y noche, y la familiaridad que adquirí con ellos acrecentó el pesar que había sentido de niño al saber que la última voluntad de mi padre, en su lecho de muerte, prohibía a mi tío permitirme abrazar la vida de marino.

Aquellas visiones se desvanecieron cuando leí por primera vez a los poetas cuyas efusiones arrebataron mi alma y la elevaron al cielo. También yo me hice poeta, y durante un año viví en un paraíso de mi propia creación; imaginé que también yo podría ganarme un nicho en el templo donde están consagrados los nombres de Homero y Shakespeare. Bien conoces mi fracaso y cuán dolorosamente sobrellevé la decepción. Pero justo por entonces heredé la fortuna de mi primo, y mis pensamientos volvieron al cauce de su inclinación primera.

En el Mar de Hielo
En el Mar de HieloSobre el hielo se acerca una figura de estatura sobrehumana.

Han pasado seis años desde que me decidí por mi presente empresa. Aún hoy recuerdo la hora en que me consagré a esta gran aventura. Comencé por curtir mi cuerpo en las penalidades. Acompañé a los balleneros en varias expediciones al mar del Norte; soporté por voluntad propia el frío, el hambre, la sed y la falta de sueño; a menudo trabajaba de día más duro que los marineros rasos y dedicaba las noches al estudio de las matemáticas, la teoría de la medicina y aquellas ramas de las ciencias físicas de las que un aventurero naval pudiera sacar mayor provecho práctico. Dos veces llegué a enrolarme como ayudante de piloto en un ballenero de Groenlandia, y cumplí mi cometido de manera admirable. He de confesar que me sentí un poco orgulloso cuando mi capitán me ofreció el segundo puesto de la nave y me rogó con el mayor empeño que me quedara: tan valiosos consideraba mis servicios.

Y ahora, querida Margaret, ¿no merezco acaso llevar a cabo algún gran propósito? Mi vida podría haber transcurrido entre comodidades y lujos, pero preferí la gloria a todos los alicientes que la riqueza ponía en mi camino. ¡Ojalá alguna voz alentadora me respondiera que sí! Mi valor y mi resolución son firmes; pero mis esperanzas vacilan, y a menudo me siento abatido. Estoy a punto de emprender un viaje largo y difícil, cuyos trances exigirán toda mi fortaleza: no solo deberé levantar el ánimo de los demás, sino a veces sostener el mío propio cuando el de ellos desfallezca.

Una criatura, sola
Una criatura, solaJunto al fuego y entre el murmullo de unos desconocidos, el ser aprende en qué lo han convertido.

Esta es la época más propicia para viajar por Rusia. Aquí se vuela sobre la nieve en trineo; el movimiento es agradable y, en mi opinión, mucho más grato que el de una diligencia inglesa. El frío no es excesivo si uno va envuelto en pieles —atuendo que ya he adoptado—, pues hay una gran diferencia entre pasear por cubierta y permanecer sentado e inmóvil durante horas, sin ejercicio alguno que impida que la sangre se hiele literalmente en las venas. No tengo la menor ambición de perder la vida en el camino de postas entre San Petersburgo y Arcángel.

Partiré hacia esta última ciudad dentro de quince días o tres semanas; mi intención es fletar allí un barco, cosa que puede hacerse con facilidad pagando el seguro al armador, y contratar a cuantos marineros juzgue necesarios entre los avezados a la pesca de la ballena. No pienso zarpar hasta el mes de junio; ¿y cuándo regresaré? ¡Ay, querida hermana!, ¿cómo responder a esa pregunta? Si tengo éxito, pasarán muchos, muchísimos meses, quizá años, antes de que tú y yo volvamos a vernos. Si fracaso, me verás pronto de nuevo, o nunca.

Adiós, mi querida, mi excelente Margaret. Que el cielo derrame sus bendiciones sobre ti y me proteja, para que pueda una y otra vez darte prueba de mi gratitud por todo tu amor y tu bondad.

Tu afectuoso hermano,

R. Walton

Carta 2

A la señora Saville, Inglaterra.

Arcángel, 28 de marzo de 17—.

¡Qué despacio pasa aquí el tiempo, cercado como estoy por la escarcha y la nieve! Sin embargo, he dado un segundo paso hacia mi empresa. He fletado un barco y me ocupo en reunir a mis marineros; los que ya he contratado parecen hombres en quienes puedo confiar y, sin duda, poseen un valor indomable.

Fin del adelanto

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